Mi primera cámara de fotos fue una réflex Praktica B100 fabricada en la desaparecida República Democrática Alemana y que me regaló una tía porque no le daba uso. Era una cámara dura y quizás por ello la expuse a demasiado maltrato.
El objetivo de 50mm. que venía de serie se rompió no recuerdo dónde ni cómo. Lo sustituí por un 28-80mm. que me dio la flexibilidad que echaba de menos en mis fotos de viaje. En 1999 paseando por Berna se cayó la al suelo desde una mochila de mal cerrada. Es lo que tiene poner una cámara dura en lo más alto de una mochila peruana de tela mal anudada. Se estropeó el fotómetro pero seguí haciendo fotos calculando la luz a ojo. La reparación me costó unas 3.000 pesetas y volví a tener cámara nueva.
En febrero de 2.002 me acababa de despedir de una amiga en Bratislava y tomé un trolebús rumbo a la estación donde tomaría un autobús para volver a Viena. Puse la mochila en una especie de repisa para equipaje y en un frenazo brusco salió disparada atravesando el vehículo. El tortazo fue monumental pero no caí en la cuenta de que el dial para seleccionar la sensibilidad de la película estaba roto. Supuse que la reparación sería costosa y que no valdría la pena volver a reparar la cámara.
Pasaron los meses y decidí que había llegado el momento de una réflex autofocus. Me había cansado de entregar mi cámara durante los viajes a alguien para que me hiciera una foto y que el resultado fuese siempre una mancha borrosa. Llegué a considerar una Nikon FM2 de segunda mano, simple y robusta para sentirme un periodista aventurero, pero no me fiaba del mercado local de segunda mano (Aún hoy una Nikon FM3A nueva cuesta 800€). Terminé comprando una Pentax MZ-50, la réflex autofocus más sencilla del catálogo de Pentax, con un objetivo de 28-80mm.
Supe siempre que la vida de la Pentax sería corta porque a la vuelta estaba la revolución digital. Recuerdo pagar al volver de un viaje cerca de 90 euros en revelar las fotos. Una cámara digital se amortizaría sólo con lo ahorrado en el precio de la película, el revelado, el volcado de los negativos en CD-ROM y las copias en papel después de unos cuantos carretes.
Pero mi primera cámara digital cayó en mis manos de sorpresa. Mi padre reunió los cupones que venían con un periódico local para comprar con descuento una Olympus Camedia C-150 de 2 megapíxeles y foco fijo. Su enfoque era lento y su autonomía era corta pero sacaba mejores fotos que muchas cámaras de 3 ó 4 megapíxeles de aquel entonces. Una demostración de que los megapíxeles no lo son todo.
No recuerdo muy bien cuándo llegó la Olympus a mis manos. Recuerdo que mis padres me mandaron una bolsa con ropa por medio de un familiar que venía de vacaciones. Volví en el metroa dando golpes a la bolsa despreocupadamente y sólo al llegar a casa descubrí la cámara debajo de la ropa. Sí recuerdo perfectamente que fue en noviembre de 2005 cuando por cuestiones de trabajo me vi obligado a tener una cámara de fotos digital discreta que grabara vídeo en buenas condiciones. Además yo quería más zoom que el habitual 3x. Tras mucho tiempo leyendo análisis de cámaras me decidí al encontrar en una tienda de Internet a la elegida por 360 euros más gastos de envío frente a los 500 que costaba en las tiendas. Así la primera cámara digital que compré fue la Casio Exilim Pro 505 de 5 megapíxeles, zoom 5x (equivalentes a 39-190mm. en 35mm.) Su pantalla rotatoria significaba que por fin podía hacer autorretratos en mis viajes y no depender de los bien intencionados turistas que aun con la Pentax autofocus no acertaban a fotografiarme con éxito.
Sí se puede decir que le he sacado buen partido a la Casio. Era una máquina avanzada para su época, antecesora en diseño de las EX-FH20 y EX-F1. De hecho cualquier otra de las candidatas que barajé en aquel entonces hoy en día nos parecerían anticuadas ya empezando por su aspecto. El uso cotidiano me fue revelando sus limitaciones. Los controles manuales, cuya existencia valoré como argumento de peso frente a sus rivales, resultaron muy limitados. Los niveles de ruido a 200 ISO eran notables y el tope de 400 era prácticamente inservible. El angular me resultaba corto. Pero principalmente sentía que el abuso de los automatismos me había hecho perder el tacto como fotógrafo. Las réflex digitales me llamaban a gritos.
Empecé uno de esos procesos deliberativos que te ponen al borde de la locura. Cada pocas semanas encontraba que la opción adecuada era una cámara diferente. En algún momento consideré la Olympus E-410, la Sony Alpha 100 o la Olympus E-510. La prueba definitiva, tras leer foros en Internet, comparativas y análisis fue poder tenerlas en mi mano. Fue algo inmediato al sostener en mis manos una Pentax K10D con su cuerpo contundente a prueba de agua y polvo. Al tiempo la encontré con un precio excepcional en una tienda donde creo se equivocaron etiquetándola. El precio del cuerpo de la cámara más el objetivo 18-55mm. (equivalentes a 27-82,5mm.) era exactamente el mismo para sólo el cuerpo en la mayoría de las tiendas. Compré la Pentax K10D y el objetivo 18-55mm. por 540 euros en febrero de 2008. Aún hoy no es posible encontrarla todavía a la venta por ese precio.
Ha pasado más de un año y siento que todavía no la domino. Pasé demasiado tiempo sin mirar por un ocular. La fotografía digital pasa invariablemente además por el retoque en el ordenador. Y todavía no me he puesto a ello.
En enero viajé a Atenas con la Pentax K10D y con la Casio EX P505. El zoom tres veces más grande de la Casio (190mm. Vs 82,5mm.) resolvió la papeleta en más de una ocasión. Y vergonzosamente sus automatismos me dieron mejores resultados en determinados momentos, sin duda por mi torpeza con la Pentax.
Al poco tiempo me hice con una Panasonic Lumix TZ-4 para regalarla que me permití probarla un tiempo. Me acompañó a Londres y Estambul. Con su gran angular auténtico (28mm.) y un zoom considerable (280mm.) resultó ser una todoterreno con la que no complicarse la vida en exceso confiando en sus programas automáticos. La última generación de la familia la encabeza la TZ-7 con un interesante gran angular de 25mm. y un zoom contundente de 300mm. Lo ligero de equipaje que me sentí con una cámara como la TZ-4 me dio que pensar sobre la fotografía de viaje. La Pentax K10D con su funda es un trasto a considerar por volumen y peso. Y hay destinos en los que no me veo cargándola. No sé si me atrevería a llevarla a Albania o a la Bosnia profunda.
La TZ-7 anda por encima de los 300€. El día que se acerque a los 200 será una cámara a tener en cuenta. Y quizás entonces mi Casio tenga sustituta en los viajes. Pero aún así la TZ-4 me resultó excesivamente abultada para llevar en un bolsillo todo el día. Echo en falta una verdadera cámara “bolsillera“. Y creo haberla encontrado en la Panasonic Lumix FX-37. Probé, antes de regalar igualmente, la FX-33 y resultó esa cámara que te olvidas llevas encima. La FX-37 con una óptica 5x va desde los 25mm. a los 125mm. El zoom podría resultar corto pero no creo que para el uso que le daría echase en falta más. El problema es que la FX-37 va camino de ser descatalogada. En las tiendas va apareciendo su sustituta, la FX-40, que aparte de pasar de los 10 a los 12 megapíxeles no aporta nada más. Con un precio por encima de los 200 euros no creo que merezca la pena pagarlos por una cámara cuyo propósito último es sustituir a la cámara del móvil.
Si una lista de las cámaras soñadas con dos cámaras fuera poco la idea de volver a recuperar la “mirada fotográfica“ me ha hecho sentir interés por el conjunto que forman la Olympus E-420, la réflex digital más pequeña del mercado, y el objetivo Zuiko 25mm. “pancake“, que yo más bien llamaría “galleta“. Es una combinación discreta y ligera con un objetivo equivalente a 50mm. y con el que me imagino vagar por la ciudad de safari fotográfico. Ahora mismo ronda los 450 euros, cantidad con la que podría comprar una óptica todoterreno para la Pentax o un gran angular para arquitectura y paisajes. Está por ver qué pasa con el inminente modelo de Olympus en el formato micro Cuatro Tercios para complicar la ecuación.
Y mientras tanto, necesitando volver a los principios, he conseguido una Olympus OM-1n con objetivos Zuiko 50mm. y Carl Zeiss 70-300mm. La Olympus OM-1 fue lanzada en 1973 y la OM-1n, su modelo más evolucionado, se comercializó entre 1979 y 1986. En su momento fue una máquina revolucionaria por su tamaño comparada con las réflex de la época. No es que pretenda desandar el camino y volver a comenzar por la fotografía analógica pero siento que es hora de comenzar por lo simple y que con tanta electrónica con fecha de caducidad me gusta aferrar algo intemporal. ¿Cuántas cámaras digitales actuales seguirán siendo usadas dentro de 30 años?