Octubre 25, 2009

Naufragio

Este mes estoy de aniversario. Se cumplen diez años de que pisé la universidad por primera vez como alumnno. En unas semanas se cumplirán veinte años de la caída del Muro de Berlín. Y ambos eventos tienen que ver. Cuando llegué a la universidad me encontré como en un universo paralelo donde el Muro no había caído. Profesores y alumnos vivían anclados en una fantasia negacionista hablando de la Revolución y el proletariado ajenos a la sociedad de la información, la globlalización y las implicaciones profundas del neoliberalismo. Mi soledad en la universidad fue algo más que una sensación física.

Yo llegué a la universidad con unas cuantas lecturas pero sin saber darles el contexto adecuado. Descubrí que nada de lo que me contaban servía para entender el mundo que Alvin Toffler había anticipado en 1980 y que Manuel Castells había cartografiado a mediados de los 90. Si nadie en la izquierda se había molestado en comprender las transformaciones sociales mucho menos cabía esperar que nadie se hubiera atrevido a aventurar una alternativa.

Lo que se vivía en la calle era un retroceso continuo en derechos laborales y en expectativas vitales. No viviríamos mejor que la generación de nuestros padres. Pero nada de eso parecía afectar realmente a la vida universitaria donde se nos aleccionaba a confiar en la revolución del proletariado industrial… en una sociedad postindustrial.

Decidí que tenía que plasmar todo aquello en papel. Y decidí titularlo “Naufragio”. De todo aquello quedó como con tantos otros proyectos unas pocas páginas en un documento de texto perdido en mi disco duro, montañas de recortes de periódico que no sé dónde terminaron y una inquietud insatisfecha. Pasó el tiempo y sin saber si por cobardía, cinismo o resignación me negué a ser vanguardia de nadie. Me distancié de los que pretendían emancipar a otros a la fuerza enarbolando comités, prohibiciones y restricciones. Pero seguí sintiendo que me faltaba algo. Quizás sea el momento de retomarlo aquí.

Julio 3, 2009

Adiós a la televisión

Cuando estudiaba en la universidad conté alguna que otra vez que el día que viviera solo no tendría aparato de televisión en casa. Las reacciones que encontré no fueron en la línea de quien se haya ante alguien que renuncia a algo por principios, como los veganos, o ante un excéntrico tecnológico, como quien renuncia a tener móvil. La gente me miró como si hubiera anunciado que pensaba vivir renunciando al sexo. Algo contra natura.

La realidad es que me encontré viviendo sin televisión casi sin proponérmelo. Compartí un piso por un año que no tenía aparato de televisión y nunca se nos ocurrió reclamar uno a la casera. Descubrimos que las series de televisión que nos interesaban estaban disponibles en las redes p2p. Pronto resultó que Internet no era un sustituto de la televisión. Era algo mejor. Me olvidé de los cortes publicitarios. Dispuse de los últimos capítulos emitidos en los países de origen con semanas o incluso meses de adelanto respecto a la emisión en la televisión española. Me acostumbré a ver las series en versión original con los subtítulos en español que aficionados voluntariosos elaboraban.

Pasó el tiempo y me sentí extraño cuando volví a encontrarme frente a una televisión. Fue en un bar donde el ruido no dejaba oírla. Quizás por eso la miré embobado como un bebé deslumbrado por la sucesión rápida de imágenes. Luego caí en la cuenta que me había desacostumbrado a los bloques de publicidad con su música pegadiza, sus mensajes machacones y su tonta simplicidad. Todo resultaba grotescamente evidente: “¡Compra nuestro producto y verás como triunfarás en el amor, ganarás más dinero y serás la envidia de tus pares!”

Me mudé a un nuevo piso también sin televisión pero a los tres meses alguien trajo un aparato y entonces comprendí que poco la había echado de menos. Tras más de un año alimentándome exclusivamente de Internet las noticias de las cadenas generalistas me resultaban ridículas. Toda la actualidad del mundo reducida a unas pocos minutos que dan paso a una colección de imágenes chocantes (“Ha sucedido hoy en un zoo de Sidney, Australia. Cuando una jirafa, aprovechando un despiste de sus cuidadores…”), publicidad en cubierta (“La guapa actriz y cantante ha estado hoy en Madrid para presentar su última película demostrando por qué las encuestas la señalan como una de las sex-symbols más deseadas de todo Hollywood”…) o directamente información irrelevante (“Hemos salido a la calle a preguntar…”).

Llevo de nuevo unos meses más sin televisión y no me extrañan las noticias sobre la crisis de los medios.

Junio 7, 2009

Cámaras y acción

Mi primera cámara de fotos fue una réflex Praktica B100 fabricada en la desaparecida República Democrática Alemana y que me regaló una tía porque no le daba uso. Era una cámara dura y quizás por ello la expuse a demasiado maltrato.

El objetivo de 50mm. que venía de serie se rompió no recuerdo dónde ni cómo. Lo sustituí por un 28-80mm. que me dio la flexibilidad que echaba de menos en mis fotos de viaje. En 1999 paseando por Berna se cayó la al suelo desde una mochila de mal cerrada. Es lo que tiene poner una cámara dura en lo más alto de una mochila peruana de tela mal anudada. Se estropeó el fotómetro pero seguí haciendo fotos calculando la luz a ojo. La reparación me costó unas 3.000 pesetas y volví a tener cámara nueva.

En febrero de 2.002 me acababa de despedir de una amiga en Bratislava y tomé un trolebús rumbo a la estación donde tomaría un autobús para volver a Viena. Puse la mochila en una especie de repisa para equipaje y en un frenazo brusco salió disparada atravesando el vehículo. El tortazo fue monumental pero no caí en la cuenta de que el dial para seleccionar la sensibilidad de la película estaba roto. Supuse que la reparación sería costosa y que no valdría la pena volver a reparar la cámara.

Pasaron los meses y decidí que había llegado el momento de una réflex autofocus. Me había cansado de entregar mi cámara durante los viajes a alguien para que me hiciera una foto y que el resultado fuese siempre una mancha borrosa. Llegué a considerar una Nikon FM2 de segunda mano, simple y robusta para sentirme un periodista aventurero, pero no me fiaba del mercado local de segunda mano (Aún hoy una Nikon FM3A nueva cuesta 800€). Terminé comprando una Pentax MZ-50, la réflex autofocus más sencilla del catálogo de Pentax, con un objetivo de 28-80mm.

Supe siempre que la vida de la Pentax sería corta porque a la vuelta estaba la revolución digital. Recuerdo pagar al volver de un viaje cerca de 90 euros en revelar las fotos. Una cámara digital se amortizaría sólo con lo ahorrado en el precio de la película, el revelado, el volcado de los negativos en CD-ROM y las copias en papel después de unos cuantos carretes.

Pero mi primera cámara digital cayó en mis manos de sorpresa. Mi padre reunió los cupones que venían con un periódico local para comprar con descuento una Olympus Camedia C-150 de 2 megapíxeles y foco fijo. Su enfoque era lento y su autonomía era corta pero sacaba mejores fotos que muchas cámaras de 3 ó 4 megapíxeles de aquel entonces. Una demostración de que los megapíxeles no lo son todo.

No recuerdo muy bien cuándo llegó la Olympus a mis manos. Recuerdo que mis padres me mandaron una bolsa con ropa por medio de un familiar que venía de vacaciones. Volví en el metroa dando golpes a la bolsa despreocupadamente y sólo al llegar a casa descubrí la cámara debajo de la ropa. Sí recuerdo perfectamente que fue en noviembre de 2005 cuando por cuestiones de trabajo me vi obligado a tener una cámara de fotos digital discreta que grabara vídeo en buenas condiciones. Además yo quería más zoom que el habitual 3x. Tras mucho tiempo leyendo análisis de cámaras me decidí al encontrar en una tienda de Internet a la elegida por 360 euros más gastos de envío frente a los 500 que costaba en las tiendas. Así la primera cámara digital que compré fue la Casio Exilim Pro 505 de 5 megapíxeles, zoom 5x (equivalentes a 39-190mm. en 35mm.) Su pantalla rotatoria significaba que por fin podía hacer autorretratos en mis viajes y no depender de los bien intencionados turistas que aun con la Pentax autofocus no acertaban a fotografiarme con éxito.

Sí se puede decir que le he sacado buen partido a la Casio. Era una máquina avanzada para su época, antecesora en diseño de las EX-FH20 y EX-F1. De hecho cualquier otra de las candidatas que barajé en aquel entonces hoy en día nos parecerían anticuadas ya empezando por su aspecto. El uso cotidiano me fue revelando sus limitaciones. Los controles manuales, cuya existencia valoré como argumento de peso frente a sus rivales, resultaron muy limitados. Los niveles de ruido a 200 ISO eran notables y el tope de 400 era prácticamente inservible. El angular me resultaba corto. Pero principalmente sentía que el abuso de los automatismos me había hecho perder el tacto como fotógrafo. Las réflex digitales me llamaban a gritos.

Empecé uno de esos procesos deliberativos que te ponen al borde de la locura. Cada pocas semanas encontraba que la opción adecuada era una cámara diferente. En algún momento consideré la Olympus E-410, la Sony Alpha 100 o la Olympus E-510. La prueba definitiva, tras leer foros en Internet, comparativas y análisis fue poder tenerlas en mi mano. Fue algo inmediato al sostener en mis manos una Pentax K10D con su cuerpo contundente a prueba de agua y polvo. Al tiempo la encontré con un precio excepcional en una tienda donde creo se equivocaron etiquetándola. El precio del cuerpo de la cámara más el objetivo 18-55mm. (equivalentes a 27-82,5mm.) era exactamente el mismo para sólo el cuerpo en la mayoría de las tiendas. Compré la Pentax K10D y el objetivo 18-55mm. por 540 euros en febrero de 2008. Aún hoy no es posible encontrarla todavía a la venta por ese precio.

Ha pasado más de un año y siento que todavía no la domino. Pasé demasiado tiempo sin mirar por un ocular. La fotografía digital pasa invariablemente además por el retoque en el ordenador. Y todavía no me he puesto a ello.

En enero viajé a Atenas con la Pentax K10D y con la Casio EX P505. El zoom tres veces más grande de la Casio (190mm. Vs 82,5mm.) resolvió la papeleta en más de una ocasión. Y vergonzosamente sus automatismos me dieron mejores resultados en determinados momentos, sin duda por mi torpeza con la Pentax.

Al poco tiempo me hice con una Panasonic Lumix TZ-4 para regalarla que me permití probarla un tiempo. Me acompañó a Londres y Estambul. Con su gran angular auténtico (28mm.) y un zoom considerable (280mm.) resultó ser una todoterreno con la que no complicarse la vida en exceso confiando en sus programas automáticos. La última generación de la familia la encabeza la TZ-7 con un interesante gran angular de 25mm. y un zoom contundente de 300mm. Lo ligero de equipaje que me sentí con una cámara como la TZ-4 me dio que pensar sobre la fotografía de viaje. La Pentax K10D con su funda es un trasto a considerar por volumen y peso. Y hay destinos en los que no me veo cargándola. No sé si me atrevería a llevarla a Albania o a la Bosnia profunda.

La TZ-7 anda por encima de los 300€. El día que se acerque a los 200 será una cámara a tener en cuenta. Y quizás entonces mi Casio tenga sustituta en los viajes. Pero aún así la TZ-4 me resultó excesivamente abultada para llevar en un bolsillo todo el día. Echo en falta una verdadera cámara “bolsillera“. Y creo haberla encontrado en la Panasonic Lumix FX-37. Probé, antes de regalar igualmente, la FX-33 y resultó esa cámara que te olvidas llevas encima. La FX-37 con una óptica 5x va desde los 25mm. a los 125mm. El zoom podría resultar corto pero no creo que para el uso que le daría echase en falta más. El problema es que la FX-37 va camino de ser descatalogada. En las tiendas va apareciendo su sustituta, la FX-40, que aparte de pasar de los 10 a los 12 megapíxeles no aporta nada más. Con un precio por encima de los 200 euros no creo que merezca la pena pagarlos por una cámara cuyo propósito último es sustituir a la cámara del móvil.

Si una lista de las cámaras soñadas con dos cámaras fuera poco la idea de volver a recuperar la “mirada fotográfica“ me ha hecho sentir interés por el conjunto que forman la Olympus E-420, la réflex digital más pequeña del mercado, y el objetivo Zuiko 25mm. “pancake“, que yo más bien llamaría “galleta“. Es una combinación discreta y ligera con un objetivo equivalente a 50mm. y con el que me imagino vagar por la ciudad de safari fotográfico. Ahora mismo ronda los 450 euros, cantidad con la que podría comprar una óptica todoterreno para la Pentax o un gran angular para arquitectura y paisajes. Está por ver qué pasa con el inminente modelo de Olympus en el formato micro Cuatro Tercios para complicar la ecuación.

Y mientras tanto, necesitando volver a los principios, he conseguido una Olympus OM-1n con objetivos Zuiko 50mm. y Carl Zeiss 70-300mm. La Olympus OM-1 fue lanzada en 1973 y la OM-1n, su modelo más evolucionado, se comercializó entre 1979 y 1986. En su momento fue una máquina revolucionaria por su tamaño comparada con las réflex de la época. No es que pretenda desandar el camino y volver a comenzar por la fotografía analógica pero siento que es hora de comenzar por lo simple y que con tanta electrónica con fecha de caducidad me gusta aferrar algo intemporal. ¿Cuántas cámaras digitales actuales seguirán siendo usadas dentro de 30 años?

Marzo 15, 2009

Watchmen

Algún extraño mecanismo mental hizo que nunca encontrara interés en el cómic de tipos en leotardos de colores dando saltos por las azoteas. Mi primera aproximación al cómic estadounidense fue ‘Nam de Michael Golden al final de la E.G.B. y el paso a B.U.P. lo marcó descubrir el manga y el cómic europeo. Ni siquiera llegué a tiempo de la revisión del género a manos de Alan Moore.

Cuando los hermanos Wachowski convirtieron “V de Vendetta” en inocuos fuegos de artificios tocó leerse primero el cómic para luego comparar. Con “Watchmen” simplemente lo intenté. Lo dejé a un cuarto de sus páginas y decidí ver la película sin ser uno de más de esa hordas de puristas clamando por la cabeza del director sólo por puro esnobismo. Leerme el cómic sólo lo conseguí tras la película.

Si en “300″ Zack Synder elevaba el cómic de Frank Miller a otra dimensión, siempre dentro del cine de entretenimiento, en “Watchmen” el cómic simplemente ha servido de story-board que seguir. Dicen por ahí que Zack Synder estaba tan preocupado por decepcionar a los fans del cómic que apenas se permitió licencia alguna sobre la historia original. Y creo que ahí está el principal problema.

“Watchmen” transcurre en una década de los 80 ucrónica. Estados Unidos ganó la guerra de Vietnam y una reforma de la Constitución ha permitido a Richard Nixon ser reelegido varias veces. Sin embargo la amenaza de una destrucción mútua asegurada entre las dos súper-potencias sigue vigente. Precenciamos lo que deberían ser unos EE.UU. corruptos y moralmente decadentes donde triunfó la revolución conservadora veinte años antes. Pero nada de esto es mostrado. Y no es un asunto trivial dada las motivaciones originales de Alan Moore. “V de Vendetta” y el miedo de Alan Moore a la deriva fascista de la política británica sólo se entiende en el contexto británico de la llegada al poder y auge de Margaret Thatcher. En la película de “Watchmen” el monólogo incial de Rorschach (qué doblaje más atroz) y la pregunta de Búho Nocturno II sobre a dónde fue a parar el sueño americano cuelgan en el aire como huecas frases lapidarias.

Casi toda la banda sonora desentona, exceptuando Philip Glass. Una vez más Zack Synder no se atreve a ofrecer lo que promete en el tráiler. Si 1968 fracasó y Richard Nixon se salió con la suya toda la contracultura se habría desvanecido en ese 1985 alternativo. Sobran Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Bob Dylan, Leonard Cohen y Simon & Garfunkel. Incluso los dos escasos temas ochenteros de Nena y Tears for Fears no encajan en los sórdidos y oscuros años 80 de la película. De ser coherentes con el mundo alternativo mostrado habríamos tenido el grunge anticipado, Kraftwerk y Depeche Mode.

La duda es si la película ahorró en capas y matices para aligerar la narración o simplemente demuestra las limitaciones de su director.Tómese como un ejercicio sin alma de estilo de volcar un cómic en la gran pantalla o simplemente como puro entretenimiento el hecho es que la película cumple esta segunda función perfectamente.

Febrero 23, 2009

Ha salido el número dos de FreshPolitik

El otro día me quejaba de la calidad de los medios de comunicación escritos en España y depositaba mi esperanza en Internet. Hoy saludamos la publicación del segundo número de la revista on-line Fresh Politik Magazine, impulsada por Daniela Adamez desde la Universidad de Barcelona.

Febrero 8, 2009

Destinos marcados

Un pequeño póster con una foto nocturna de la Torre de Leandro y al fondo el Cuerno de Oro adorna una pared de mi habitación. Lo cogí en la feria FITUR, gentileza de la Municipalidad Metropolitana de Estambul.

Cuando el año visité Estambul sabía que volvería. Pero no me esperaba que tan pronto. Haré una pequeña escapada a finales de marzo, como fase preparatoria de un posible viaje por Anatolia el próximo verano que podría llevarme a la región del Mar Negro. Si las cosas no salen como espero, no hay problema. Recurriré al esperado Tour Balcánico que arrancaría en Dubrovnik y me llevaría por la ruta del río Neretva hasta Sarajevo . Hacia dónde continuar está por decidir. Pero ya para ello me dieron bastante información en el stand de Bosnia-Herzegovina de FITUR. Quizás llegue hasta Montenegro. Quizás deje este último país para un segundo Tour Balcánico por Albania, Macedonia y Kosovo.

Y ahora cuando se me empieza a acabar la Europa que me realmente me apetece descubrir (Francia, Luxemburgo, Irlanda, Rep. Checa y Hungría tendrán que esperar) ha aparecido en español una nueva edición de la guía de Siria y Líbano de Lonely Planet. Es la llamada del Mediterráneo Oriental.

Febrero 8, 2009

Una cámara de fotos para tener miedo

Leo sobre el lanzamiento de la Panasonic FX550, una cámara de fotos que aprende a reconocer caras y asigna etiquetas a las fotos con los nombres de las personas que aparecen en ella. Algo que tiene utilidad al subir fotos a lugares como Facebook, donde precisamente se puede acotar la cara de las personas que salen en las fotos y vincularlas con su perfil. El siguiente paso, como apuntan desde Xataka.com, será combinarlo con el geoposicionamiento vía GPS. A este paso podríamos terminar todos perfectamente identificados y localizados en Internet, gracias a la enorme huella digital que dejamos y avanzando hacia una sociedad del control de manera ingenua y voluntaria.

Enero 21, 2009

La crisis del papel

La Crisis™ ha reducido los ingresos por publicidad de los medios de comunicación, cebándose especialmente con los medios escritos y provocado el cierre de muchas revistas en EE.UU. y Francia y España. Hemos visto la desaparición de revistas como TeleIndiscreta y Ragazza, el anuncio del cierre de la edición digital del gratuito ADN y el cambio de director de Público.

El trasfondo de de muchos de los cierres es la crisis de un modelo editorial que ha quedado obsoleto por Internet. Los adolescentes, por ejemplo, pueden encontrar una oferta amplísima y gratuita de información en Internet sobre cachivaches electrónicos y Tokyo Hotel con el valor añadido de interactuar con otros interesados en el tema.

Pero aún así, visitando un kiosko cualquiera uno no puede evitar preguntarse dónde están los equivalentes españoles del “The Atlantic Monthly” y sus “Distpaches” o “The New Yorker” y sus “Reporting & Essays”. Ni siquiera las ediciones locales de Vanity Fair y Esquire están a la altura del original (Yo también me pregunté quién coño es Rosario Nadal). España es un país demasiado tecnófobo y ensimismado para que revistas como Monocle o Wired hubieran cuajado aquí. Quizás por todo ello debamos confiar en nuevos proyectos que surjan en Internet.

Enero 18, 2009

Shit hits the fan

Las fantasías survivalistas, con su componente de ciencia ficción distópica, forman parte de ese canon friki que forman desde la tecnología a la cultura japonesa.

Sea el miedo a un holocausto nuclear, al efecto 2000, a alguna catástrofe medioambiental, la idea de un colapso repentino de las sociedades occidentales avanzadas ha sido un elemento recurrente en la cultura popular. Desde Mad Max a 28 días, pasando por Terminator o Jericho.

Acabo de terminar de leer “Guerra Mundial Z”. En la FNAC de Callao, aquí en Madrid, voló tan pronto llegó. Y en la mesa tengo la “Guía de Supervivencia Zombi“.

Así que estreno hoy oficialmente una nueva sección de este blog: Shit Hits The Fan. Y aunque de todos los temas a tratar sea el más ligero no se crean que es una ida de bola. Hasta el Ayuntamiento de Madrid se ha preocupado por la cuestión.

hojas

Mi arsenal


De izquierda a derecha, mis filos: Cuchillo Aitor Botero, navaja Ka-Bar Warthong y cuchillo Muela Storm. Falta el Glock Feldmesser 81 que duerme en otra mesa de noche.

Enero 18, 2009

Al final de este viaje

En mis últimas vacaciones rescaté el disco “Al final de este viaje” de Silvio Rodríguez. Nunca presté mucha atención a su música, que parecía una estación de paso inevitable para la gente de mi entorno. Compré ese disco al azar, únicamente porque incluía la canción “Ojalá”. Eran aquellos tiempos en que para escuchar una canción comprabas un CD.

Resultó que el disco era una recopilación de temas compuestos a finales de los sesenta y principios de los 70, en plena eclosión de la “Nueva Trova Cubana”. Curioso que de todo parece que ya hayan pasado cerca de 40 años. Sin embargo, siendo composiciones del comienzo de la carrera reflejan una melancolía peculiar del que está de vuelta de las cosas. Su temprano éxito posiblemente pilló por sorpresa al cantante que explícitamente nombra en las canciones las servidumbres de la fama y de estar expuesto a la crítica.

Y me lo he traído tras escucharlo en las vacaciones sintiendo como al abrirse una nueva etapa de mi vida se acaban tantas cosas.