Marzo 15, 2009...9:31 pm

Watchmen

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Algún extraño mecanismo mental hizo que nunca encontrara interés en el cómic de tipos en leotardos de colores dando saltos por las azoteas. Mi primera aproximación al cómic estadounidense fue ‘Nam de Michael Golden al final de la E.G.B. y el paso a B.U.P. lo marcó descubrir el manga y el cómic europeo. Ni siquiera llegué a tiempo de la revisión del género a manos de Alan Moore.

Cuando los hermanos Wachowski convirtieron “V de Vendetta” en inocuos fuegos de artificios tocó leerse primero el cómic para luego comparar. Con “Watchmen” simplemente lo intenté. Lo dejé a un cuarto de sus páginas y decidí ver la película sin ser uno de más de esa hordas de puristas clamando por la cabeza del director sólo por puro esnobismo. Leerme el cómic sólo lo conseguí tras la película.

Si en “300″ Zack Synder elevaba el cómic de Frank Miller a otra dimensión, siempre dentro del cine de entretenimiento, en “Watchmen” el cómic simplemente ha servido de story-board que seguir. Dicen por ahí que Zack Synder estaba tan preocupado por decepcionar a los fans del cómic que apenas se permitió licencia alguna sobre la historia original. Y creo que ahí está el principal problema.

“Watchmen” transcurre en una década de los 80 ucrónica. Estados Unidos ganó la guerra de Vietnam y una reforma de la Constitución ha permitido a Richard Nixon ser reelegido varias veces. Sin embargo la amenaza de una destrucción mútua asegurada entre las dos súper-potencias sigue vigente. Precenciamos lo que deberían ser unos EE.UU. corruptos y moralmente decadentes donde triunfó la revolución conservadora veinte años antes. Pero nada de esto es mostrado. Y no es un asunto trivial dada las motivaciones originales de Alan Moore. “V de Vendetta” y el miedo de Alan Moore a la deriva fascista de la política británica sólo se entiende en el contexto británico de la llegada al poder y auge de Margaret Thatcher. En la película de “Watchmen” el monólogo incial de Rorschach (qué doblaje más atroz) y la pregunta de Búho Nocturno II sobre a dónde fue a parar el sueño americano cuelgan en el aire como huecas frases lapidarias.

Casi toda la banda sonora desentona, exceptuando Philip Glass. Una vez más Zack Synder no se atreve a ofrecer lo que promete en el tráiler. Si 1968 fracasó y Richard Nixon se salió con la suya toda la contracultura se habría desvanecido en ese 1985 alternativo. Sobran Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Bob Dylan, Leonard Cohen y Simon & Garfunkel. Incluso los dos escasos temas ochenteros de Nena y Tears for Fears no encajan en los sórdidos y oscuros años 80 de la película. De ser coherentes con el mundo alternativo mostrado habríamos tenido el grunge anticipado, Kraftwerk y Depeche Mode.

La duda es si la película ahorró en capas y matices para aligerar la narración o simplemente demuestra las limitaciones de su director.Tómese como un ejercicio sin alma de estilo de volcar un cómic en la gran pantalla o simplemente como puro entretenimiento el hecho es que la película cumple esta segunda función perfectamente.

1 comentario

  • No he visto la película y no he leído el comic, así que no tengo opinion al respecto. Pero pasa el corrector ortográfico, que se te han escapado un par…


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